Dios es tu proveedor, confía en Su abundancia. La sabiduría financiera viene de Él. Ora, trabaja duro y sé generoso. Recuerda, el éxito no se mide en riquezas, sino en cómo usas lo que tienes para glorificar a Dios.
¡Animo, tu éxito financiero está en manos de Dios!